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HISTORIAS DE LA MAGIA...

                      HISTORIAS DE LA MAGIA  Reseñas históricas del comienzo del ilusionismo:

La magia es una de las artes más antiguas que se conocen, se tiene conocimiento desde el año 1700 A.C., ya en la Biblia encontramos referencias a ella, todos recordamos como los magos del Faraon convirtieron sus báculos en serpientes delante del mismo rey de Egipto frente a Moises.

En una tumba de Egipto se econtró un papiro, llamado Westcar Papyrus, donde ya se relataba la actuación del un mago egipcio llamado DEDI, donde dice que actuaba en el palacio de piedra de Menphis, la residencia de los faraones. En dicho papiro se relata su actucación la cual consistía en que con un cuchillo cortó en su mano la cabeza de un ganso, acto seguido lo puso en el suelo invocando unas palabras mágicas y el ganso estaba caminando de nuevo.

La magia comenzó a crecer por las calles, plazas, en centros de reunión. Se le denominaba "Magnus" a un sacerdote de los medas (de ahí el nombre). En Roma se le llamaba "Acetabularius" aquel que hacía trucos con vasos y bolas (el cual es el truco más antiguo que se conoce).

Tras la caida del imperio Romano en el año 476 comienza la Edad Media, considerada como la edad oscura, que dura hasta el siglo XV, en estos siglos floreció lo que conocemos como la "Magia Negra", encontramos relatos de Merlín. El mago más destacado de la época negra, era el brujo de la Corte del Rey Arturo, donde se escribieron muchos relatos de sus hazañas.

También encontramos en Asia historias fantásticas de lugares encantados y mágicos, nos remitimos a los famosos "Cuentos de las mil y una noches".

Todos estos magos tenían en común el reconocerse como supremos o venidos del más allá, todos con alguna historia de divinidad, pero en general eran excelentes prestidigitadores. Al artista prestidigitador, de todas formas, se le veia envuelto en poderes sobrenaturales que le conferían la destreza. Hoy en día esta sensación de poder especial se ha perdido con el público, pero como el gran mago Robert-Houdin dijo, "La antigüedad fue la cuna de la magia, pero sólo porque el arte estaba todavia en su infancia."

Nos acercamos a la época moderna donde destacan los primeros magos de la escuela moderna: los italianos con Jonas, Androletti y Antonio Carlotti como máximos exponentes de dicha época.Pero no es hasta principios del siglo XIX cuando el concepto de magia empezó a cambiar. Es el francés Robert Houdin quién empezó a desbaratar a los magos fraudulentos y que se hacían creer dioses, reemplazando la magia conocida hasta el momento por la magia moderna, todos lo conocemos como el "Padre de la magia Moderna. De profesión relojero e inventor comenzó a aplicar sus conocimientos para el bien de la magia, realizando trucos donde usaba los avances que la Revolución Industrial le ponía a su alcance. En 1845 produjo un gran número de ilusiones totalmente nuevas en un pequeño teatro en el Palais Royal, combinando los recursos de las ciencias mecanicas y eléctricas con la destreza manual y la presentación efectiva. Sus sesiones causaron gran expectación en París situándolo a la cabeza de su profesión. Gracias a él la magia se popularizó increiblemente. Nacieron trucos nuevos, magos, instituciones, tiendas, se comenzó a escribir sobre la magia y crear escuela, en definitiva lo convirtió en el arte que hoy conocemos.

Llegamos a los tiempos actuales donde la proliferación de las TV, canales digitales, programas han ayudado enormemente a revitalizar una vez más este arte, con magos que cuentan con su Show de Tv, etc....

Hoy en día los principios son los mismos sobre los que Robert Houdin basó su magia, además como él mismo dijo "Para tener éxito como mago, tres cosas son esenciales; primero, destreza; segundo, destreza y tercero, destreza.", lo único que ha variado son los trucos, pero la magia sigue creciendo a nivel mundial y somos las personas como nosotros que amamos este arte los que ayudamos a expandirla con nuestra semilla.“Por lo que respecta a ser ‘hombre interior’ y espiritual ¿no se
podría desarrollar este estado en uno mismo por el conocimiento
de la historia en general y de personalidades determinadas en
todos los tiempos en particular, desde la historia sagrada hasta la
de la Revolución y de la Odisea hasta los libros de Dickens y
Michelet? ”
Vincent Van Gogh , Carta a su hermano Theo
Siempre tuve la intuición de que las personas que se ocupan
con verdadero amor de cuestiones que no garantizan una recompensa
suculenta e inmediata (e incluso ninguna recompensa),
poseen una nobleza enternecedora y hasta digna de imitarse.
Como dice el escritor norteamericano Paul Auster refiriéndose al
arte en general:“todo ese esfuerzo humano al servicio de una causa
menor, tan efímera es, creo, el costado más bello de la humanidad”.
El escritor argentino Alejandro Dolina, por su parte agradece
las Tres Cartas a Falta de un Prólogo que le hiciera el poeta
Horacio Ferrer a su clásico libro “Crónicas del Ángel Gris”.Allí, el
eximio compositor de tangos, simula un diálogo epistolar con uno
de los personajes centrales de las Crónicas que, ciertamente, supera
el tradicional prólogo de carilla y media. “Es evidente que Ferrer,
dice Dolina, falsificó esta correspondencia para evitarse el trabajo
de escribir un prólogo. Los hombres nobles eluden un esfuerzo
realizando otro mucho mayor. Por no arrancar una rosa, construyen
un palacio. Por no escuchar un reproche ejercen la rectitud
toda la vida. Por no bajarse del caballo, conquistan el Asia”.
La Historia de la Magia puede ser, para muchos, una actividad
inservible y sólo apta para personas con nobleza de características
similares a las referidas. Debido a ciertas inquietudes personales
y a una indudable exclusión a tales virtudes, he decidido buscar
algunos beneficios prácticos que me permitan entender mi
gusto por la lectura de misceláneas históricas. Lo que sigue es el
fruto de esa modestísima e inofensiva indagación.
En primer lugar creo que acercarse a la historia de la magia
nos permite ser más conscientes de ‘nuestra propia estatura’. Es
decir, advertir que lo que hacemos tiene un origen anterior a nosotros
y que, por lo tanto, debemos mostrar más humildad ante lo
que hacemos pero, sobretodo, que debemos aumentar nuestras
expectativas. “Todos los magos con quienes he comentado la historia
de la magia –dice el mago panameño Marko– y lo que en
este campo se ha hecho con mucha anterioridad a nosotros, han
bajado la cabeza con humildad y han aceptado el hecho de que el
desconocer lo que ha ocurrido antes de nosotros es uno de los factores
que nos llevan a contentarnos con bien poco”.
Entender la evolución de un efecto puede ser útil desde el
momento en que se puede llevar a cabo ese proceso evolutivo a
otro efecto, desarrollándose así uno nuevo. El único modo de ser
vanguardia, es decir de romper los cánones y las reglas establecidas,
es conocerlas muy bien.
Reconocer cómo eran presentados los efectos antiguamente,
nos permite cuestionarnos sobre las posibilidades de presentación
e incluso sobre la conveniencia de utilizarla a ella misma (la historia)
como Tema. En un seminario organizado por la sociedad de
magia a la que pertenezco (Centro Mágico Platense), se impuso
como tópico las Charlas en la Magia. Para entonces, esbocé las
siguientes consideraciones: en primer lugar, decía, es posible utilizar
la historia de la magia como tema mediante la incorporación
de anécdotas de grandes magos del pasado o de curiosidades
mágicas para embellecer el relato y, en tal caso, acentuar los aspectos
importantes del efecto.De la misma manera, puede comentarse
la historia del efecto que se está por presentar (el genial Ricky
Jay, por ejemplo, en su espectáculo 52 Assistants realiza una rutina
de cubiletes a la que denomina “La Lección de Historia”). Puede
ser que el efecto haya sido el que “jamás se animó a realizar
Fulano” o “con el que perdieron la vida trece personas”. Siempre es
interesante, colorido y hasta misterioso este tipo de versaciones.
La otra opción, por último, puede ser la de realizar la misma charla
que utilizaban algunos magos de la antigüedad (como también
hace Ricky Jay en su 52 Assistants con el efecto de “Asamblea de
ases”).Hofzinser,Malini, Robert Houdin, por nombrar sólo algunos,
tienen charlas y presentaciones verdaderamente hermosas.
Si quisiéramos, podríamos ir más allá y decir que es posible
también, no sólo incluir charlas históricas, sino montar un espectáculo
entero ambientado en una época pasada como es el caso del
mago canadiense David Ben quien, en Canadá, presentó con
mucho éxito dos espectáculos: The Conjuror yThe Conjuror Suite.
La historia de la magia constituye una fuente inagotable de
inspiración para el artista. Su atención nos permite encontrar,
aunque suene paradójico, efectos nuevos. John Northern Hilliard,
asegura que “los argumentos de los antiguos efectos tienen la posibilidad
de repetirse bajo nuevas apariencias quedando aún valiosos
tesoros enterrados en las profundidades del tiempo sin descubrir
(...) Cuando el mago creativo trabaje y busque en ella, encontrará
cobre valioso para fundir”. Sin duda, hay infinidad de efectos
que antes se realizaban con muchísimo éxito y que hoy podrían
serlo revistiéndolos de ‘contemporaneidad’ (lo que no quiere decir,
solamente, utilizar teléfonos celulares en lugar de teléfonos a disco
sino adaptar los criterios y el contexto en el que fueron realizados).
Es importante además, prestar atención a los clásicos que,
por definición, son los que todavía perduran intactos. Es bueno
cuestionarse por qué funcionan aún, y qué es lo que los hace tan
vigentes y efectivos ante el público. En “Programmes of Famous
Magicians” (donde Max Holden describe sintéticamente los actos
más reconocidos de los años 1931-1937), Jay Marshall afirma:
“personalmente utilizo este booklet como referencia cuando estoy
estudiando algún efecto; para analizar aquellos trucos que son
efectivos con la audiencia y que se hicieron populares”.
Un razonamiento fugaz y al azar me hace pensar que algunos
de las cuestiones que los hacen vigentes es que son efectos en los
que predomina su claridad (el efecto es fácilmente aprehensible),
así como su fuerza, además porque poseen un gran símbolismo
(sólido a través de sólido, ascensión, etc.) y poseen una concepción
estética muy agradable que las hacen atemporalmente atrayentes.
Pensando sobre los clásicos, también, y disparando más ideas dispares,
podríamos señalar tres tendencias de acuerdo a la utilización
que de ellos hacen los magos. En primer lugar están los efectos
clásicos que aún hoy todos realizan (aros chinos, cartas ascendentes,
cartas a la manga, etc.) y sobre los que es válido hacerse las
preguntas del por qué de su vigencia y plantearse también la necesidad
de una presentación propia y por lo tanto original. En
segundo lugar están esos efectos clásicos que todo el mundo conoce
pero que pocos o nadie hace en condiciones ‘reales’ de trabajo
(es decir, no en congresos de magia); como ejemplo se me ocurre
el maravilloso efecto de “La Pila de Monedas”. Por último, existen
esos efectos que mucho se conocen pero que no se realizan porque
sus secretos han quedado perdidos en el tiempo o, cuanto menos,
no han sido muy divulgados o, simplemente, no ha habido interés
en realizarlos. El ejemplo que más fuertemente me viene a la
mente es la maravillosa gran ilusión Find the Lady de Amac (una
versión en grande, del famoso juego del trile con las cartas).
Juan Tamariz, nos habla también del beneficio de la historia
de la magia.Al recomendar bibliografía histórica para los amantes
de la “Dramagia” dice: “Englobo aquí un conjunto de libros absolutamente
indispensables para el interesado en Dramagia: un
lugar donde enterarse de qué y cómo se ha desarrollado la magia
teatral hasta ahora. Qué era lo que los magos hacían. Qué gustaba.
Qué motivaciones tenían los magos y el público; así como mil
y una ideas, sugerencias, estímulos para que pensemos, meditemos,
estudiemos, ideemos, escribamos y pongamos en práctica
nuestras propias ideas y creaciones. Libros de Milbourne
Christopher, Max Dif, Burlingame, Paul Curry, Michel Seldow,
Lecciones de Florensa, ‘World’s Greatest Magic”, Val Andrws,
Robert Albo, Ramón Mayrata, Adrian, Decremps, Gaultier,
Areny, Houdini, etc. (y además son de apasionante lectura, en
general, ¿qué más se puede pedir?” (Magia Potagia III).
Sigamos. Revisar la historia de la magia nos permite saber,
además, cuáles han sido y son los errores y las carencias que padece
nuestro maravilloso Arte y que por lo tanto deberíamos intentar
resolver. Por ejemplo: con más de dos mil años de historia,
nuestra disciplina tan querida, no ha desarrollado escuelas, tendencias
o corrientes como sí es el caso de otras expresiones artísticas,
lo que posiblemente indique que no se la ha analizado tan a
fondo o cuestionado tan de base como otras. El Cine por ejemplo,
con sus apenas ciento y tantos años ha desarrollado un nivel artístico
envidiable; diferentes corrientes artísticas han sido apropiadas
por el cine y, a su vez, nuevas y propias escuelas han surgido de él,
de modo que, por ejemplo, no se ha dudado en sumarla a la rígida
concepción de la Bella Arte.
La magia, cuanto mucho, ha ido modificando sus usos sociales,
siempre en consonancia con el contexto histórico, pero nunca
ha generado corrientes. Sí, por supuesto, ha habido, y hay afortunadamente,
tendencias y magos muy influyentes que generaron
puntos de vistas muy claros y enormes aportes, sobretodo a partir
del siglo XIX (Robert Houdin, Vernon, Chicago, Tamariz,
Ascanio, la Escuela Mágica toda, Maskelyne y Devant, la magia
inglesa, la magia norteamericana, la magia española, la magia rusa
–con sus características propias conformen a sus particularidades
culturales–, etc.) pero nada con la continuidad y claridad de los
grandes Manifiestos.
En este sentido, es importante señalar que, en el pasado, también
existían estas preocupaciones y críticas sobre el estado de la
magia. Me he sentido especialmente atraído por los comentarios
de Fu Manchú (en su Illusion Show o en The Oriental Magic of the
Bambergs); por Camille Gaultier quién, en su libro La
Prestidigitation Sans Appareils, da un breve panorama de la magia
francesa de finales de siglo diecinueve y principios del veinte y,
especialmente, por Jarret, uno de los más importantes creadores
de grandes ilusiones de su época. Vean, por ejemplo, lo que este
personaje decía en 1936:
“¿Acaso nuestros magos tienen algún tipo de entrenamiento o
dirección en el arte de la magia?, ¿tienen presencia escénica o están
en condiciones de actuar?, ¿han estudiado al público inteligente y
conocen su capacidad de pensar, han juzgado, acaso, lo que realmente
los mistifica? ¡No! ¡No lo han hecho! Apenas han tomado
un puñado de trucos y se han subido al escenario. De tal manera
que son sólo un puñado de ‘magos de bazar” (drugstore magicians).
La magia, que es una de las expresiones del arte y uno de los mejores
espectáculos para el público inteligente, ha sufrido terriblemente.
De hecho, ha sido asesinado.No hay buenos magos ahora,
a excepción de unos pocos actos especializados…”
Otro punto. Estoy convencido que el estudio de la historia de la
magia, como de cualquier otro objeto, nos reviste de cierta profundidad
(“hombre interior y espiritual” decía Van Gogh) que se percibe
en nuestra personalidad y, por ende, en nuestras presentaciones.
“Luce un autorizante e invisible manto de tradiciones acumuladas,
los cuales despliega con leve ironía pero con gran respeto’ dijo The
New York Times sobre Ricky Jay. No estoy hablando del ‘snobismo’
mediocre de querer ser más de lo que se es o de resaltar vanidosamente
los conocimientos de uno mismo.No. Se trata de hacerse un
poquitito mejor por dentro para que solito, solito salga todo a flote.
Por último, señalo que estudiar la historia de nuestro arte nos
permitirá cuestionarnos sobre aspectos muy importantes como,
por ejemplo, el interés prehistórico del hombre por la magia (en el
sentido antropológico del término) y, por lo tanto, la razón por la
que la magia despierta tanto interés en el público. En este sentido,
recomiendo la lectura de las obras de Bob Neale y Eugène Burger
(mencionados ya en el boletín Nº 1), dado que analizan este
aspecto de la relación de la magia de los shamanes y el ilusionismo
escénico. Para Neale, por ejemplo, “la magia escénica se pregunta
¿qué pasa si la magia de verdad funciona? Mientras que la otra
magia asevera la magia funciona”.
Espero que quede claro que no promuevo la mezquindad de
aprender algo simplemente por ser útil. De hecho, debo decir que
más allá de todas las cuestiones prácticas señaladas, la principal
razón de mis modestísimas indagaciones históricas (y única razón
diría, ya que las demás vienen por añadidura) es el placer.Me produce
un goce casi infantil investigar versiones de un efecto y conocer
cómo fue desarrollándose. Amo asomarme a la vida de ciertos
personajes históricos (saber las excusas de L’Homme Masquee
sobre el uso de su antifaz; imaginarme en el foyer de un hotel viendo
a Malini hacer las cartas clavadas; esforzarme por verlo a
Charles Bertram haciendo sus “Cartas a través de la Manga” y su
consiguiente disminución; asombrarme con Arthur Lloyd y su
acto de “El Clasificador Humano”, verlo a Thurston en la época de
variedades o a Nelson Downs con sus monedas y ni qué hablar de
Cardini, Hofzinser, Robert Houdin y tantos, tantos otros); me
deleita encontrar un dato y sentirlo como un gran hallazgo cuando
es una obviedad en verdaderos historiadores o, incluso, en amigos
cercanos. Me gusta cuando entiendo que las mismas preocupaciones
personales las tuvieron otros grandes y que luego pudieron
resolverlas (esto me recuerda a un viejo chiste de Mafalda. Ella
se pregunta: “De dónde vendrán los platos voladores” a lo que su
amigo Felipe le responde “No lo sé. ¡Pero parece que los científicos
tampoco lo saben!” “Y eso por que te alegra tanto”, le retruca
Mafalda.“Porque me siento importante compartiendo la ignorancia
con los científicos”).
Me gusta, por último, imaginar mis días encerrado en una
habitación atiborrada de libros leídos y releídos, artículos periodísticos,
revistas, entrevistas grabadas, ensayos, bocetos y todo
tipo de material histórico. En definitiva, me apasiona descubrir
algo nuevo cada vez, aún sabiendo que eso me hará más consciente
de lo que me queda por aprender y aprehender.
“No hay un solo hombre que no sea un descubridor. Empieza
descubriendo lo amargo, lo salado, lo cóncavo, lo liso, lo áspero, los
siete colores del arco y las veintitantas letras del alfabeto; pasa por
los rostros, los mapas, los animales y los astros; concluye por la duda
o por la fe y por la certidumbre casi total de su propia ignorancia.”
J.L. Borges.



 

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